Encuentra la felicidad perdida durante tanto tiempo,
aprovecha todo aquello que no pudiste hacer en su momento, vive y deja vivir,
hazte fuerte ante aquellas cosas que más daño te hagan, ignora lo que no te
interese y dedícale todo el tiempo del mundo a lo que se le merece.
Creo que todos nos merecemos un descanso, un tiempo, un momento en el
cual poder respirar profundo y dejarnos
sentir… dejarnos llevar por todos esos sentimientos que habitan en nuestro corazón
y dejarlos salir también, dejarnos llevar por la alegría y en muchos casos
dejarnos llevar por la tristeza. ¿Qué si duele? Si, duele dejar salir todo eso
que por dentro nos mata, ahora; ¿sirve? Si y mucho. Soy de las personas que creen que cuando el corazón guarda muchos
sentimientos, no sé si llamarlos malos, pero pesados y que hacen que el corazón
se invada de angustia es necesario vaciarlo un poco, ¿Cómo vaciarlo? Fácil,
dejando todos esos sentimientos y dejando todas esas cosas tristes afuera. La
realidad es que uno nunca sabe cómo vaciarlo de eso completamente. En muchos
casos se cree que la mejor forma es hablando, claro; uno le cuenta a una
persona por qué se siente tan triste, esa persona le da un consejo, el consejo
se toma y por un momento se cree estar bien, como si ya no sintiéramos tristeza,
como si hubiésemos podido curar así nuestra herida. En muchos casos puede
funcionar, porque después de eso logras sentirte mejor, pero en cambio en otros…
en otros no. En otros casos la tristeza y las heridas que una persona tiene en el corazón
son tan grandes que son difíciles de curar. Llevan tiempo, paciencia y la disposición
de uno mismo a querer curar esa herida, a querer tratar de estar mejor. Se
puede, si, si uno trata y trata se puede, uno logra sanar una herida, pero uno
sola persona no puede, se necesita de mucho; fortaleza, confianza en uno mismo,
tener bien en claro que es lo que nos pasa y cuál es la herida que hay que
sanar… Y en la mayoría de los casos no
se cuenta no esas herramientas de tan invadidos de tristeza que estamos; ahí
es cuando necesitamos ayuda. Si, ¡ayuda!
Cuando uno siente ahogarse en su propio llanto, cuando siente más tristeza que alegría,
cuando siente que tiene mil heridas que no puede curar y mil problemas que no
puede resolver solo, ahí es cuando uno
necesita ayuda. A veces da miedo pedirla, porque no sabes si el otro va a
poder brindártela, o si te la brinda y no es la ayuda que necesitas entonces sentís
que otra vez volvés a fracasar, pero uno nunca sabe. Uno puede pedir ayuda y
puede que sea justo la ayuda que necesitamos, como en otros casos puede pedirla
y tal vez esa no sea la correcta, y si no lo es habrá que seguir buscando,
hasta encontrarla. Y cuando la encontrás sentís
que no hay nada mejor, lo que resta ahora es saber confiar, saber confiar
en la persona que elegiste para que te ayude. Y si no sabes cómo hacerlo no
importa, déjate llevar, ya estás
cansado de pensar y de andar, cuando uno ya se siente sin fuerzas y que no
puede avanzar, ahí es cuando se tiene que dejar llevar por los demás, por las
personas que elegiste. Da miedo dejarse llevar por los demás, pero si esa
persona te quiere ayudar a curar una herida, está más que claro que solo quiere lo mejor para vos, y eso te
da confianza. Por fin entras en confianza y te dejas llevar, te dejas ayudar,
te das cuenta de que hay más opciones para curar una herida que solo hablando
de ella, te das cuenta de que una persona puede ayudarte a curarla con tan solo miradas, con caricias, con solo
quedarse a tu lado en silencio y darte a entender de qué va a estar ahí para el
momento en que necesites un buen hombro para llorar o tengas un abrazo para
dar, también el gesto justo en el
momento justo ayuda a curar una herida, porque si una persona hace un gesto
lindo hacia vos en cualquier momento está bueno, te sentís bien, en cambio si lo hace en el momento justo es
algo especial, y eso llena y sana. Cuando confiás sentís que no hay nada
mejor, porque el otro hace por vos lo que vos ya no podes hacer, sentís una caricia al alma, al corazón y
eso sana también, ayuda a curar tu herida. Y una vez que tu herida logra
curarse te sentís en paz… Sentís que
te desahogaste, que descargaste un poco el corazón, que lograste vaciarlo de
esas cosas que te hacían tanto peso, y te
sentís con calma. Respiras y la sensación de respirar sin tener ese nudo en
la garganta siempre se siente buena, es
algo lindo; volvés a respirar y te sentís más liviana, como si literalmente
hubieses tenido mucho peso encima y te lo hubiesen quitado. Respiras por última
vez, más profundo que antes y te das cuenta de que valió la pena y de que no fue tan difícil dejarse ayudar y confiar
en los demás, porque tus heridas
cerraron y por fin sentís esa paz
interior que tanto esperabas tener… por fin ya no sentís tristeza. Por fin te sentís
FELÍZ.
[escrito por mi]
Me fui de retiro por tres
días, y hasta ahora siento que fue la experiencia más linda por la que pude
haber pasado… Escuché y me sentí escuchada, entendí y me dejé entender, confíe
como nunca antes lo había hecho y dejé que los demás pudieran depositar
confianza en mí, lloré todo lo que tenía que llorar y reí todo lo que tenía que
reír. Reflexioné lo que tenía que reflexionar, perdoné y me sentí perdonada también.
Aconsejé y me deje aconsejar, aprendí de los demás y trate de que los demás pudieran
aprender algo de mí. A ese retiro fue una persona llena de tristeza y muchas
heridas por curar… De ese retiro volvió una persona que se siente completamente
feliz, llena de calma y paz. Dispuesta a salir adelante pese a cualquier situación
que se le presente, dispuesta a ayudar y dejarme ayudar y dispuesta a confiar
siempre en los demás. No pude haber pensado
mejor lo que pensé, haber aprendido mejor lo que aprendí, y haber sentido mejor
lo que el corazón tenía para sentir.
[escrito por mi]
