Soy esa típica chica que siempre está confundida, pero que en el fondo sabe perfectamente lo que quiere. Soy de las que se comen la cabeza, inunda su almohada y por la mañana su sonrisa es pura fachada. Odio la monotonía en todos los aspectos de mi vida, es como vivir lo mismo cada día mientras que me mata la agonía. Me encanta ver pasar cualquier tren, leer, robar besos y ver el amanecer también. Invencible por fuera, pero completamente destructible por dentro. Poseo un exceso de sensibilidad y lo odio, mas que a nada. Siento más que los demás, quiero más, y por lo tanto... sufro más. Poco a poco, con el tiempo, fui curando mis heridas y levantando mis ruinas. Poco a poco, con el paso de los años, me fui dando cuenta de la gente que merece estár a mi lado. Soñadora de noche y de día. Voy del cielo, al suelo y así sucesivamente cada día. Como una montaña rusa de emociones, guardando cada vez más y más moretones. Pero sobretodo, saliendo viva de los golpes que me da la vida. Siendo sincera, tengo que admitir también mi sobrades de orgullo en el momento menos oportuno. Si, lo sé... Soy de las que se ríen por nada y lloran por todo. Soy de las que nunca dejan de soñar, aunque alguna vez sobren motivos para no querer despertar jamás. Y voy a seguir siempre así, siendo yo misma y sonriendo a mis miedos, porque sino... no existe otra salida para poder vivir tranquila. No pretendo ser una mera copia de alguien, no soy perfecta, ni quiero serlo. Pero en realidad, lo más importante de todo, a pesar de mis defectos y virtudes... Es que ésta soy yo.

¿Sabés qué? Yo no te elegí, te eligió mi corazón. Si, lo sé, es testarudo y cabezón. Y se desboca cada vez que escucho tu voz. No puedo controlarlo y menos aún tranquilizarlo. Te siento en mis lagrimas, te escucho en mis carcajadas y también te recuerdo cada mañana. Es imposible evitar lo inevitable. Es imposible gritar a los cuatro vientos, que no me importas. Porque sos tan especial, como soñar las 24 horas del día. ¿Sabés qué? Si no te tengo cerca me falta el aire, me cuesta respirar. ¿Sabés qué? Mis ojos me delatan cada día, una vez más, porque brillan sin cesar. ¿Sabés qué? Que todo esto que estoy escribiendo es verdad. Y me preocupa estár así, por el simple hecho de volver a tropezar. No espero que me levantes cuando me caiga. Aprendí a levantarme sola. Solo espero que me ayudes a esquivar esos obstáculos Y por último... ¿Sabés qué? Sos vos el culpable de que mi corazón siga latiendo y de lo que estoy sintiendo. Por eso creeme cuando te digo que, sos una parte de mi.

Quiere con el corazón y le regalaras tu propia autodestrucción a esa persona sin la cual puedes vivir. Pero no quieras... Y ya estarás muerto.